CORONA TUS SUEÑOS

Son las 7 de la mañana de un día cualquiera de la semana. Aún es de noche y suena tu despertador. Te deslizas silenciosamente entre las sábanas y lo primero que haces es encender tu teléfono móvil, esa prolongación de tí mismo que sólo has dejado cargando por unas horas mientras dormías. Te preparas para una nueva jornada laboral.

Mientras te duchas estás pensando en lo que le dirás a tu jefe sobre el último plan de ventas aprobado por el cliente. Cuando desayunas, repasas la agenda del día y todo lo que tienes por delante, pero no disfrutas del sabor crujiente de la tostada y del café recién humeante que despierta el día con su sabor. Te vistes y sales rápido. Andas por la calle distraídamente, sin mirar a nadie, ignorando que mientras el semáforo sigue en verde y estás a punto de ser atropellado por un conductor, no ves más allá de la pantalla de tu teléfono móvil. La vida está sucediendo a tu lado y te golpea suavemente con su brisa en la cara y te da los buenos días, mientras la primavera se acerca y los árboles tratan de llamar tu atención con unos ligeros movimientos en sus ramas llenas de jilgueros, pero tú no lo ves, porque estás absorto en tu ocupadísima vida virtual, de la que no puedes escapar. Otra jornada laboral sin sobresaltos, donde ignoras a tus compañeros, te pones tus cascos y escuchas música, sin importarte nada más, mientras trabajas en tu ordenador. Otra llamada perdida de tu madre, de la que pasas olímpicamente, mientras tienes abiertas varias pantallas de tu PC y estás absorto en tu cuenta de Instagram y te alegras de haber alcanzado un nuevo récord, tienes más de 500 seguidores y 200 likes en tu última foto de postureo. Todo un logro, lo mejor que te va a pasar en todo el día.

Mientras pasas las horas en tu oficina, en lugar de pensar en el trabajo que estás realizando, estás proyectando tus próximas vacaciones, a la vez que compras unas entradas para un concierto y mantienes un chat con un amigo, ya sabes tu gran cualidad es ser “multitareas” y cuando llega la hora del almuerzo, haces unas compras por Amazon sin disfrutar de la comida ni ver el plato que tienes delante de tí, son unos chollos con un descuento del 50% que no puedes dejar escapar. Por la tarde vas al gimnasio con prisas, para huir de tu agobiante rutina y pones la música a todo volumen mientras corres en una cinta que no te lleva a ningún lugar y una vez más te desconectas de tí mismo y piensas en la importante reunión que tendrás mañana, en lo que vas a hacer el próximo sábado, pero nunca estás en el aquí y el ahora.  Tu vida se proyecta continuamente hacia el futuro, hacia un momento que aún no ha llegado ni ha sucedido, pero no te importa, porque crees que lo controlas todo desde las aplicaciones de tu espectacular iPhone.

Mientras tanto, silenciosamente, el mundo está comenzando a vivir una tragedia de magnitudes gigantescas, pero ni tú, ni yo, ni nadie se ha dado cuenta de ello, porque creemos que está sucediendo en otro continente y que esa sombra que está deslizándose rápidamente sin que nadie la vea, no nos va a alcanzar ni de lejos y seguimos en esa falsa felicidad que nos proporciona ese mundo paralelo en el que nos hemos instalado cómodamente, ignorando las leyes universales y de la naturaleza. Pero el mundo ha dejado de girar, se ha detenido y está sangrando, te está llamando a gritos, te está pidiendo auxilio, pero tú no le escuchas. Silencio. Presta atención.

Hace unos días, cuando ya se anunciaba el crecimiento exponencial del coronavirus en nuestro país y se comenzaba a transformar en pandemia a nivel mundial, el gobierno hacía un llamamiento para la celebración de las manifestaciones del 8-M. Después de anunciarse el cierre de todos los centros educativos en la Comunidad de Madrid y más tarde en toda España, la mayor parte de la población pensaba en el fastidio que supondría tener a los niños todo el día en casa y continuaba llenando alegremente las terrazas, los bares, los parques o yéndose a pasar el fin de semana a su segunda residencia, como si hubiera una especie de Puente previo a la Semana Santa y todos veían como un regalo lo que hoy se ha convertido en una auténtica pesadilla de la que no podemos escapar.

No voy a hablar del coronavirus, ni de cómo comenzó todo, pues ya estamos sobresaturados de información y conocemos la subida de las cifras de contagiados a cada minuto, tampoco de si se trata de un virus fabricado en un laboratorio o si ha sido generado por el hombre con determinados fines, no quiero entrar en teorías conspirativas (aunque las tengo, como todos), ni criticar al gobierno o que sólo se aplauda al personal sanitario y a los cuerpos de seguridad del estado que nos abroncan por la calle cuando vamos a comprar al supermercado, haciendo que te sientas como un fugitivo, mientras muchas personas anónimas se siguen jugando cada día su vida para acudir a sus puestos de trabajo sin protección alguna, en vagones de metro atestados de gente donde no puedes guardar la distancia mínima de seguridad. ¿Por qué no aplaudimos también a los trabajadores de los supermercados, que día tras día están expuestos a ser contagiados, así como a los reponedores, al personal de limpieza y a las personas invisibles que recogen la basura de tu calle cada noche?. Tampoco voy a hablar de los millones de personas que de un día para otro han perdido sus puestos de trabajo o de los que son autónomos y no perciben ningún tipo de ingresos, sin llegar a imaginar que sus vidas recibirían un impacto tan fuerte, que les producirá un golpe emocional peor al que dejará las secuelas de esta terrible pandemia tras su paso. Me gustaría centrarme más, en lo que esta terrible situación, si le damos la vuelta, puede suponer en términos de crecimiento personal para el ser humano, para elevar nuestra frecuencia vibratoria y para desarrollar nuestra mente y hacernos más fuertes y más conscientes del mundo real.

No es ninguna novedad comentar que los seres humanos estamos totalmente desconectados de nosotros mismos y necesitamos despertar, pero nadie sabía ni podía predecir a comienzos de año, cuando brindábamos con champán despreocupadamente, que la sacudida sería tan fuerte.  Nuestra vida transcurre de forma banal entre ver series y películas en Netflix, La Champions, La Liga de Campeones o estar conectados las 24 horas del día a las redes sociales siguiendo la vida de influencers que se han convertido en los nuevos iconos de moda de los dictados de la sociedad, hacer compras compulsivas por internet, relacionarnos con amigos virtuales por Messenger, WhatsApp y otras aplicaciones, sin disponer nunca de un sólo segundo para ver a un amigo de toda la vida en persona o disfrutar de su compañía, darle un abrazo o mantener una simple charla tomando un café frente a frente y sin embargo ahora nos quejamos de un confinamiento que ya existía antes de que sucediese esta pandemia, porque lo cierto es, que los seres  humanos nos encontrábamos aislados y atrapados en nuestro Matrix mucho antes de que el coronavirus llegase a nuestras vidas.

Hemos perdido el sentido de la realidad, de lo que significa la felicidad más allá de lo material. ¿Cuánto tiempo hace que no sales a la calle y miras el cielo o te fijas en que la primavera está empezando a florecer en nuestros parques sin captarlo a través de tu móvil y compartirlo con tus seguidores?. ¿Cuánto tiempo llevas sin hacer algo que te apasione, realmente por y para ti?. ¿Cuántas veces abrazas a las personas que te rodean y les dices que les quieres y que siempre estarás a su lado?. Ahora tienes una oportunidad magnífica de pasar días enteros con tu familia y dedicarles el tiempo que te ha arrebatado tu rutina diaria y la falsa vida virtual de la que eres esclavo y que te conduce muy lejos de tu propia existencia. Seguramente ahora que no puedes salir de tu casa, puedes por un momento comprender el sufrimiento de miles de personas que viven en silencio enfermedades incomprendidas como la fibromialgia, que les impiden llevar una vida normal y salir de su cama durante semanas porque se encuentran fatal y nadie se acuerda de ellas.

A lo mejor, ahora puedes jugar con tus hijos al monopoly o al parchís y charlar con ellos y te das cuenta que no toda la educación se basa en pagarles 5 actividades extraescolares para que te dejen en paz. Ahora que las ciudades han quedado vacías y la contaminación ha bajado exponencialmente, la naturaleza está llegando al equilibrio que llevamos años sin respetar. Quizás ahora te des cuenta que esos padres mayores a los que ignoras y que sólo vas a visitar precipitadamente para entregarles a tus hijos y que cuiden a sus nietos, son más importantes de lo que imaginabas y seguro que hubieras dado todo lo que tienes por haber podido pasar el día del padre con ellos y darles un abrazo o compartir más tiempo juntos recordando divertidas anécdotas de tu infancia, cuando formabais una familia unida y feliz y tus padres eran algo más que los cuidadores-esclavos de tus hijos. Estoy segura que ahora mismo te gustaría darte una vuelta por las tiendas de tu barrio y probarte un vestido que has visto en el escaparate, cosa que antes no hacías porque directamente lo comprabas por internet e ignoras esos pequeños comercios que se están hundiendo por culpa de ese gran gigante que es el comercio online, que poco a poco está arrasando con esas preciosas tiendas de toda la vida, que ahora están siendo sustituidas por bazares, tiendas de todo a 100 y negocios chinos de todo tipo, que hacen perder la esencia de cada distrito. Seguro que ahora empiezas a valorar esa vida real de la que estás privado por obligación y empiezas a darte cuenta que nunca podrá ser sustituida por una vida virtual y artificial. Aunque no lo creas, puedes poner tu granito de arena para intentar cambiar el Sistema y para ello debes empezar a decir NO a las injusticias y a ser parte activa de la solución.

Estamos desoyendo las leyes de la naturaleza, no respetamos el medioambiente, ni la Tierra, ni las leyes del Universo, ni nos respetamos a nosotros mismos, ni a las personas que nos rodean. Les cerramos las fronteras a nuestros hermanos más desfavorecidos y negamos nuestra ayuda dejándoles hundirse en la miseria y pobreza de una patera destinada desde su origen a la muerte y ahora somos nosotros los que tenemos vetada la entrada en cientos de países ¿no es paradójico que nos suceda lo mismo que antes hemos hecho a países a los que hemos saqueado y ahora tienen escasos recursos para sobrevivir?, es por la ley de causa y efecto y esta situación sin precedentes que estamos viviendo debería servirnos para despertarnos y darnos cuenta que en realidad no podemos controlar nada desde las aplicaciones de nuestros teléfonos móviles. No existe una segunda vida, sólo tendrás ésta, que transcurre aquí y ahora, así que no sigas proyectándote en un futuro, que puede que tal vez mañana no exista. Da igual que seas rico o pobre, porque esta pandemia no distingue entre clases sociales, ni edades y arrebata las vidas de tus seres queridos por igual. No importa quien seas, sólo importa que despiertes de una vez y no ignores por más tiempo la llamada del Universo ni el grito de la Tierra, a la que hemos herido profundamente.

Cuando ocurre una catástrofe natural como un terremoto o una pandemia como la que está asolando cada rincón del planeta, te das cuenta de lo pequeño que eres y que nada está en tus manos, pues todo escapa a ti y entonces sientes miedo, desasosiego, incertidumbre y te sientes golpeado por aquello que estás despreciando: la vida misma, esa a la que cada mañana ignoras y no le das las gracias ni los buenos días, por regalarte otro precioso día de existencia.

Nadie se merece sufrir esta pandemia, pero cuando todo esto termine ¿seguirás siendo el mismo?, ¿seguirás llevando la misma vida anodina y virtual desprovista de tí mismo? , ¿seguiras ignorando las leyes de la naturaleza y pasando de la familia que tú mismo has construido y después destruido?. Piénsalo detenidamente, porque entonces, todo esto no habrá servido para nada y te estarás decepcionando a ti mismo. La vida nos está dando una oportunidad sin precedentes de cambiar y despertar, aprovéchala.

Cuando te das cuenta que nada virtual puede sustituir la presencia del ser humano, entonces tal vez valores que la vida que está ahí fuera y de la que hoy estamos privados, te ofrece regalos maravillosos , regalos que sustituyes por cosas materiales, artificiales y virtuales, dejando a un lado las bellezas que el universo te brinda a cada instante, como cuando el sol te saluda detrás de las nubes y te acaricia con sus rayos, o cuando el paso de las estaciones da lugar a una cromática de colores preciosos e intensos que envuelven todo tu ser y te hacen sentir especial o cuando el sol se pone en cada rincón de la tierra y la luna te da las buenas noches rodeada de brillantes estrellas y el sonido del mar y sus olas te enredan con su suave espuma haciendo dibujos en la arena. ¿De verdad prefieres seguir ignorando todo lo que la vida te regala cada día? ¿Seguirás desoyéndote a ti mismo y agradecerás de una vez por todas, todo lo que tienes?, porque si es así, esta gran sacudida que nos está dando el Planeta no habrá servido para nada y la próxima será más fuerte.

Es hora de despertar a una nueva vida. De volver a abrazar al ser humano, de volver a vivir una vida sencilla y sin artificios, de abrir tus puertas a esos vecinos que conoces de toda la vida y a los que ni siquiera saludas en el ascensor, de reconciliarte con la familia y volver a crear un hogar unido, de interesarte por la vida de los ancianos de tu barrio que están solos en los parques y no tienen a nadie con quien hablar, de darle los buenos días a ese compañero de trabajo al que ignoras por completo. Ha llegado el momento de tender puentes, de estrechar lazos, de derrumbar muros, de unir nuestras manos. Es hora de dejar a un lado tu teléfono móvil, de programar tu vida a cada segundo, de seguir pensando que estás por encima del bien y del mal y que tienes tu vida controlada porque tienes un trabajo, un hogar y una familia. ¿Sabes por qué? Porque en realidad no tenemos nada, todo le pertenece a la Tierra y todo volverá a ella, nada es nuestro. Nuestro bien más preciado es nuestra propia VIDA. Y cuando nos marchemos de este mundo nos iremos solos, sin ninguna de nuestras pertenencias, pero seguimos ciegos y sin darnos cuenta de nada.

Salgamos al campo y miremos nuevamente las estrellas (pero no para sacar la perfecta foto de instagram y compartirla con tus seguidores, sino porque realmente deseas disfrutar de la esencia de la vida), sal a la calle a comprar el pan sabiendo que vas sencillamente a comprar el pan, sin llevar en tu mente las preocupaciones del trabajo ni de la vida diaria, de todo aquello que te impide estar en modo presente y te aleja de la realidad. Lleva a tu hijo al parque, invita a comer a tus padres a un buen restaurante o vete con ellos de vacaciones, pasa más tiempo con tu familia, haz aquello que te gusta y escúchate más a ti mismo. Estamos ignorando la vida real y destruyendo la naturaleza y el Universo ha dicho basta, basta ya. Despierta.  Nada virtual puede llenar el gran vacío existencial que tiene el ser humano y que supone la falta de sí mismo en su propia vida, en su propia esencia.

Querido amigo, nos encontramos en un momento sin precedentes que nos puede llevar a tomar un rumbo diferente en nuestra vida, volver a abrazar la felicidad perdida y disfrutar de la esencia de las pequeñas cosas sencillas, como hacían nuestros abuelos, que eran felices sin apenas tener recursos para sobrevivir, ni las posibilidades que tenemos hoy en día.  Ojalá que todos los gobiernos del mundo, con este duro golpe que está azotando a toda la humanidad, gasten sus presupuestos en dar prioridad a la Investigación y proporcionen los medios adecuados a los grandes científicos de cada país, que deben marcharse por falta de recursos, para que puedan parar el crecimiento de esta pandemia, desarrollando las vacunas precisas y así poder ayudar al ser humano. Ojalá dejemos de pagar cantidades astronómicas a jugadores de fútbol a los que consideramos estrellas y dejemos de gastar el dinero de todos los contribuyentes en celebraciones de grandes acontecimientos deportivos que no pueden frenar hoy en día la muerte de miles de personas en todo el planeta. Ojalá todo esto sirva para reforzar al sistema sanitario, al que deben tener acceso y derecho todos los ciudadanos de forma pública y gratuita y darnos cuenta que es la prioridad esencial en cada país. para el bienestar de cada ser humano.

Ha llegado el momento de despertar y de coronar tus sueños. Para ello debes desconectarte del mundo virtual, de lo ficticio, de lo banal y volver a conectarte contigo mismo y elevar tu frecuencia vibratoria. La vida nos está sacudiendo fuertemente para darnos una gran lección y para que no pasemos de ella y aprovechemos toda su sabiduría y las lecciones que nos da cada día. Las grandes crisis traen grandes cambios, que si sabemos aprovechar pueden ser muy positivos para todos.

El Mundo se ha parado, se ha detenido y ha dicho basta. Aprovecha este momento sin precedentes, para redescubrirte a ti mismo, para cambiar tu perspectiva y abrazarte a ti y a los que te rodean. Corona tu vida de ilusión, amor, amistad, felicidad, sueños, energía positiva, optimismo, solidaridad, entrega y generosidad y sólo así podrás vencer al gran Virus de indiferencia que está azotando a toda la humanidad y se ha extendido a todos los rincones de la Tierra.

 

 

EL MILAGRO

Muchas personas esperan cada día que sucedan grandes acontecimientos que cambien su historia personal para siempre y se sienten decepcionados cuando esto no sucede y la ruleta de la fortuna pasa de largo y no se detiene en la casilla de sus vidas.

Sin embargo, vivimos rodeados de milagros que ocurren de forma casi invisible, sin que nos demos cuenta, porque estamos más pendientes de las desgracias que nos rodean, de los problemas que tenemos, de la infelicidad que nos atenaza constantemente y olvidamos la magia que la vida nos muestra cada día y por eso hoy me gustaría contar mi experiencia personal, el milagro que supone para mí cada día poder despertarme a las 6 de la mañana, cuando aún es de noche y el silencio de la ciudad golpea levemente los cristales de tu ventana y te invita de forma silenciosa a comenzar un nuevo día y a levantarte con una sonrisa. Entonces doy gracias a Dios por la oportunidad de poder llevar una rutina medianamente normal, como la que pueda llevar cualquier persona que acude cada día a su trabajo y realiza su jornada laboral. Quizá pueda parecer trivial todo lo que estoy contando si no conoces mi historia, pero hace casi cinco años años comencé a sufrir serios problemas de salud que cambiaron mi vida para siempre y me sumieron en una profunda tristeza.

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