EL PERFUME QUE LLEVAS PUESTO

Todos los seres humanos usamos un perfume, un aroma que nos define y marca cada rasgo de nuestra personalidad, pero también enmascara nuestra verdadera esencia.

Hay cientos de perfumes, marcas y notas aromáticas, como la melodía que tocan las teclas de un piano. Pero más allá de las sofisticadas fragancias que puedas ver en los anuncios publicitarios o en el cine, que nos trasladan a universos paralelos, donde la mayoría de las veces aparecen hombres y mujeres jóvenes de belleza espectacular, con una vida maravillosa en la que siempre consiguen la llave que les abre la puerta al éxito, con un sólo golpe de magia: el uso de unas pocas gotas de la receta mágica, mientras tú miras la pantalla del televisor embobado y te sientes fracasado, porque también usas el mismo perfume, pero nada de eso sucede en tu vida.

 

 

Más allá de todo lo subliminal que evoca el perfume a lo largo de siglos de Historia, hoy me gustaría hablarte de algo relacionado con las fragancias, pero que va más allá de usar un determinado perfume: se trata de la esencia que todos y cada uno de nosotros llevamos dentro. Ésa que verdaderamente nos define como seres humanos.

A menudo sucede, que el miedo se apodera de nosotros y nos impregnamos de esa esencia,  que transmitimos a los demás sin darnos cuenta. Es por eso, que muchas veces escuchamos decir aquello de que “el miedo se huele”. Eso se traduce en una falta desbordante de seguridad en ti mismo y en un perfume que se desvanece y se vuelve invisible con cada paso que das y con cada revés que la vida te proporciona. Porque la vida es bella. Pero también duele, hiere, mata y destroza y te hace perder tu esencia original, aquella con la que naciste y creciste en un ambiente de libertad y seguridad, porque creías en ti mismo. Pero poco a poco, minuto a minuto, gota a gota y sin que te des cuenta, comienzas a revestirte de un falso perfume que te hace irreconocible ante el espejo en el te miras cada mañana.

Algunas personas usan perfumes con el que transmiten seguridad y empoderamiento de sí mismos, para ocultar justamente lo contrario, que no es otro que su temor al fracaso y a dar un paso en falso que les saque de su zona de confort. Otras, usan perfumes para seducir y transmitir sensualidad y éxito en el amor, para ocultar su baja autoestima y que hace tiempo dejaron de creer en la posibilidad de encontrar el amor verdadero.

 

Pero casi nadie usa su verdadera esencia, aquella que nos pertenece desde antes de salir del vientre de nuestra madre. Esa esencia tiene una formulación especial. Está realizada con parte de tu alma, con la sabiduría de tus ancestros,  con tu poder personal y con el universo al que perteneces.

Si tratas de renunciar a tu esencia y la pierdes, te conviertes en otra persona, en alguien que no puede mirarse cada día al espejo, porque no ve su rostro reflejado, ni el brillo de su mirada. Y nuestro gran problema es, que casi todos deseamos cambiar y transformarnos en alguien diferente, porque no aceptamos quiénes somos, ni lo que somos. No nos gustamos, ni nos amamos a nosotros mismos.

Por eso rechazamos nuestra esencia original y en lugar de reconciliarnos con nosotros mismos, la apartamos y tratamos de revestirla con el falso perfume que nos ofrece el sistema,  que se encarga de ocultar nuestro verdadero poder personal y hace que te conviertas en un número más. Pero no en un fuera de serie, sino en un número que no suma, ni resta, ni multiplica, ni divide, porque sólo lleva ceros delante. Y ser un cero para el sistema equivale a decir que no cuentas para nada y no existes.

Por eso, muchas veces, nos levantamos por las mañanas desorientados y nos sentimos atrapados, sin encontrar un sentido real a nuestra existencia. Nos convertimos en máquinas engullidas por un mundo que no para un sólo segundo, donde no puedes pensar en ti, ni para ti. Nuestro reloj interno pone en marcha el mecanismo de cada uno de nuestros movimientos y nos impide salirnos de un esquema predeterminado, en el que todo se reduce a rutina y trabajo y el sistema nos hace creer que si tienes eso, estás obligado a sentirte feliz y realizado, porque  ya eres alguien en la vida y todo lo demás desaparece, porque nada más importa.

¿Pero qué sucede cuando un día te despiertas y te das cuenta que has perdido tu esencia y que el perfume que usas no es el adecuado?.  ¿Qué sucede cuando debes enfrentarte a ti mismo?  Ése día, aunque no lo desees, llegará a tu vida tarde o temprano.

Todos y cada uno de nosotros llegamos a un punto, donde sentimos la necesidad de encontrarnos a nosotros mismos, de cuestionarnos una serie de interrogantes y entonces, cuando te enfrentas cara a cara con tus miedos y contigo mismo y te das cuenta que tu vida no te llena, es cuando verdaderamente sientes que has perdido la chispa de tu esencia y no sabes dónde buscarla, ni tampoco dónde encontrarla. Entonces buscas en la dirección equivocada. Sales de ti y pides opinión a tus amigos, a tu familia, a tus compañeros de trabajo…Te apuntas a clases de meditación o vas al gimnasio, buscas a referentes que te inspiren, intentas pasar más tiempo con tu familia o realizas un viaje que te haga olvidar lo anodina que es tu existencia diaria. Todo eso está muy bien, te ayuda a cambiar la rutina y te aporta instantes de efímera felicidad, cual efímero es un perfume, pero se te olvida buscar en el lugar más importante: dentro de tí. Ahí es donde se encuentra tu verdadera esencia.

El secreto se encuentra en escucharnos a nosotros mismos y en hacernos las preguntas adecuadas, es decir, aquellas que destruyen todas las respuestas, como afirmaba Susan Sontag.

 

Si realmente tomamos el silencio por respuesta, si somos capaces de comunicarnos con el espacio vacío que se encuentra en nuestro interior, parar nuestro pensamiento y poner la mente en blanco, podremos encontrar nuestra verdadera esencia. ¿Te atreves a intentar no pensar en nada por unos segundos?. El secreto es ignorar el ruido que vive dentro de ti, como si empezaras a transitar por un sendero desconocido, con la certeza de que te conducirá al éxito.

No es fácil, lo sé,  pero sólo se trata de desconectarte del cable donde vives todo el día enchufado, en modo “piloto automático”, caminando por el pasado y temiendo llegar a un futuro que aún no se ha creado y conectarte al modo presente, en el cuál tú eres el piloto de tu vida y la puedes dirigir hacia donde desees.

Cada fragancia de cada ser humano es única y especial y se encuentra dentro de su alma.

Pero no olvides, que el secreto es conservar intacta tu verdadera esencia y para ello debes nutrirte cada día de pensamientos positivos, quererte a ti mismo y dar las gracias por ser quien eres, porque sólo tú tienes el poder de crear tu propio perfume y compartirlo con las estrellas del firmamento y el universo infinito que te rodea.

 

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3 comentarios sobre “EL PERFUME QUE LLEVAS PUESTO

  1. Doble placer, Amparo, por leer en poco tiempo dos textos tuyos, y tan distintos entre si. El anterior teñido de amargura y decepción, y éste en una búsqueda de lo genuino, lo auténtico, en tu interior. Y es que esa búsqueda, tan importante para cualquier persona, ese enfrentarse al espejo con valentía, ese reconocerse debajo de todas las capas de perfume “para otros”, nada fácil de descubrir, porque hay que ahondar mucho, desechar espejismos, nos puede llevar al conocimiento de nuestra esencia auténtica, y, por tanto, a la aceptación de quienes somos, y a poder querernos adecuadamente; porque sólo se puede amar con profundidad aquello que se conoce.

    Feliz viaje interior, y feliz reencuentro.

    Un beso fuerte

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